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Todo artista está impulsado por motivos conscientes e inconscientes. Es afectado por necesidades físicas y por pasiones del ánimo, nobles e innobles: influencias de su ámbito cultural, de sus ideales, de su religiosidad o su ateísmo; razones de odio, de amor o de afinidad; búsqueda de aventura, gloria o emoción…

Estas motivaciones, se manifiestan abiertamente por medio del lenguaje, se transforman en vibración mágica de belleza. Aquí la belleza, se realiza por medio de esa forma de ser de un individuo, dotado de capacidades creadoras. Es su forma de vivir las sensaciones vitales más trascendentes, y se realiza en la palabra viva forjando un estilo peculiar. El estilo personal de un artista. Su razón psíquica, su manera cabal, su pensamiento más hondo y escondido. La armonía de su espíritu ( el Yo profundo) con el cosmos, representado en su entorno general y su circunstancia particular.

Un hombre, realizando en el lenguaje una transmutación esencial que consiste en: partir de una conmoción estética, frente al descubrimiento instantáneo de valores de belleza en ciertas emociones o en ciertas cosas materiales, para comprometer su inteligencia y su psiquismo en la conquista, posesión y manifestación de esos Valores Superiores encontrados por una mente intuitiva, clara y generosa.

Porque toda manifestación de Lo Superior (que es la Perfección entrevista) significa una generosidad de quien la manifiesta. Una dación, una entrega gozosa ya que Belleza O Bondad manifestada, son Belleza o Bondad compartida. Aquel que como lector, oyente o contemplador, recibe el Valor, comparte el bien implícito en él. Que es ley fundamental que los Valores Superiores a nadie pertenezcan y de todos sean poseídos, no bien el individuo logre percibirlos.

El artista posee dones para todos y organiza sus facultades con la tendencia expansiva, hacia la demostración pública de sus descubrimientos estéticos (que conllevan implícito lo ético), desarrollados en soledad fecunda, para compartir desde ellos la admiración colectiva. No, hacia su persona humana común, sino hacia la obra creada – original- y hacia la personalidad creadora, que hasta el momento de la entrega artística permanecía secreta.

El creador busca la armonía, la unidad mística en un todo concretado en el texto, desde la pluralidad de sus sentires intelectuales y sensibles. Una infinita gama de la emoción y del entendimiento (el razonado y el intuido) lo pone en contacto con otra dimensión que desde su interioridad lo transporta a mundos nuevos descubiertos en el acto mismo de la creación. Es una suerte de magia donde actúan la imaginación, la fantasía, y toda un abanico de emociones (angustia, alegría, frustraciones, entusiasmo…) para converger en una necesidad ineludible de mostrarse, en determinada y exigida personalidad. Y sólo cuando esa personalidad es totalmente respetada, rescatada y transferida auténticamente a la creación, podemos decir que estamos frente a un estilo concreto, definido y propio.

La creación artística es un gozo. Y cada creador siente ese gozo, magia o deslumbramiento en forma diferente. Pero nadie ha podido, y seguramente nadie ha de poder con palabra humana, explicar lo inexplicable- Ese ardor del entusiasmo; esa admirable facultad de hacer real lo no existente. Esa posesión del ser, por un yo mismo, superior y hondo que late en mí, como demiurgo potente y soberano.

Esencia real pero intangible, que sobre algunos seres vierte su luz a manos llenas, mientras niega a los más el secreto de su esplendor.

…¡Ah, la alegría que se siente creando fue lo que más apreciaron los sabios de otros tiempos!. El autor escruta el vacío y la nada y encuentra la existencia, examina el silencio y le arranca sonidos. Hace caber la inmensidad en una hoja y brotar la perfección universal de un corazón que sólo mide un puño. Amplía la palabra que se torna colmada y vasta, la ordena y la vuelve aún más profunda. Es como un viento que sopla en torbellino…
Lu Ki (China, siglo III)