Escribí algo la semana pasada.

Me gustaría saber que es lo que debo hacer para sentirme realmente creativa. Antes, cuando escribía, cuando te conocí y después, cuando dejamos de vernos, sentía que toda mi fuerza estaba en la escritura. Escribí un buen tanto de pensamientos, historias, algunos poemas, que quizá no sean buenos, pero que en aquellos días tenían la fuerza, la intensidad que se acumulaba en mi interior. Muchas veces me forcé a poner palabras que no estaban ahí pero que con búsqueda e intención llenaban los huecos.

Cuando descubrí la fotografía empecé a intercambiar las frases por imágenes y al tiempo descubrí que con el dibujo, la pintura, podía elaborar mis propios universos. Sin embargo, al estar dentro de ese nuevo barco, me angustió el verme vacía, sin provisiones y sin rumbo. Hubo algunos flashes, islas desiertas pero nada suficiente para emprender de nuevo el viaje.

En el performance esperaba encontrar un nuevo motor pero descubrí que no era un vehículo sino una herramienta para construirlo. A través de un puñado (muy pequeño) de piezas, me di cuenta que lo que tenía en ese momento, lo que tengo ahora es una pequeña balsa y sólo opero en la orilla, analizando el horizonte y, más bien, la mayor parte del tiempo, desconociéndolo, desconociéndo también la orilla de la isla. Pienso que en realidad no se en donde me encuentro, ni hacia a donde voy y noto que la balsa es tan pequeña que se vuelve insuficiente para cualquier opción; con ella no puedo ir lejos ni competir contra las olas, no hay espacio suficiente para llevar provisiones, ni adecuada para un largo viaje.

Siento el deseo creciente de salir, de abandonar el territorio que se vuelve cada día menos fértil, menos explotable y miro hacia el mar con gran ansiedad y espectativa, pero vuelve la angustia. A veces es dificil enfrentar la realidad, esa que me recuerda que la herramienta principal soy yo misma, mi mente, mi cuerpo, mi corazón.

Veo a lo lejos embarcaciones y me viene la frustración al notar que no atienden a mis señales, a los gritos desesperados que emito desde esta orilla, y agotada de agitar los brazos, entierro los puños en la arena y lloro, me revuelco entre el agua pues se que esta lucha es solo mía y que por más que intente pedir ayuda es inútil. Nadie acudirá a rescatarme. Estoy inmersa en mi propio espejismo. Nadie puede ayudarme porque yo sola soy quien debo levantarme y construir, idear la manera de salir. Debo planear hacia a donde ir, y conducir lo que sea que resulte de este largo proceso. Puedo llenar todos los arboles con marcas, contabilizar los días en esta angustia, señalando a los que se acercan un poco, a los que coinciden en alguna coordenada, pero de nada sirve si no es aliento para tomar mis armas y escapar.

Doy vueltas, construyo figuras de arena, las agarro a patadas y gasto toda mi fuerza inutilmente esperando a que el día cambie, que la noche avance, que me ilumine, pero sólo pierdo el tiempo, nada me salvará, sólo yo podré hacerlo y si no consig reunir lo necesario pronto, nada tiene sentido.